Con sofisticados esquemas, el gobierno de Nicolás Maduro, desconocido por la oposición y gran parte de la comunidad internacional, participa en la fuga del oro. El hallazgo de un cargamento de lingotes en Aruba expuso una ruta para sacar el oro de Venezuela vÃa las islas del Caribe neerlandés hacia Europa y Dubai.
El Banco Central de Venezuela, que por ley autoriza su comercialización, quedó en medio de un entramado de corrupción que evidencia el fracaso de la polÃtica chavista de nacionalizar este material estratégico y controlar el tráfico ilegal.
Estados Unidos anunció sanciones para bloquear operaciones vinculadas a la cadena de extracción y comercialización en las que participan militares, compañÃas públicas y privadas, bandas delictivas locales y guerrilla colombiana, un enorme andamiaje que ha propiciado masacres y complejas operaciones de lavado de activos que engordan el bolsillo de unos pocos y que produce daños ambientales a un territorio que es patrimonio de la humanidad.
“El régimen de Nicolás Maduro ha utilizado este sector como bastión para financiar actividades ilÃcitas y apoyar grupos criminalesâ€. Las palabras son de John Bolton, el asesor de seguridad del presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien se referÃa asà al uso que el jefe del Gobierno venezolano le ha dado al negocio de extracción de oro en este territorio. A partir de esa declaración, del 1º de noviembre de 2018, el paÃs norteamericano prohibÃa a sus habitantes y empresas cualquier transacción relacionada con el metal precioso proveniente de Venezuela, con pena de sanción.
Aquel cargamento, valorado en 2,1 millones de dólares, venÃa de Maracaibo, al oeste de Venezuela, y su destino final era Dubai, en los Emiratos Ãrabes. Contradictoriamente, la mercancÃa llegó por vÃa aérea a la pequeña nación en medio de un bloqueo ordenado por el gobierno venezolano contra las islas ABC (Aruba, Bonaire y Curazao), para acabar con el contrabando de oro, cobre y alimentos.
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