Entre otras cosas, en la cuarentena me dio por limpiar. Limpiar y ordenar. Ya saben, esto de aquà pasa para allá y lo de allá viene para acá. De la cesta de ropa sucia convertida en closet de lencerÃa saqué manteles y pañitos olvidados. También la cobija de la abuela. OlÃa bien. Bueno, no olÃa mal. Por tonterÃas sentimentales me la llevé conmigo a la cama. No pude dormir. La noche siguiente tampoco. Me picaba todo de la cabeza a los pies. En la mañana del tercer dÃa lavé y planché lo que se atravesaba en el camino. Hasta el sofá, por si acaso. Qué COVID ni qué COVID: por una semana al menos, mi terror fueron los ácaros.
MARÃA GABRIELAS MATA CARNEVALLI
–Venezuela–





