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Mis viejos, mis abuelitos, tÃa Mari, mis hermanos y Daniela, estoy bien. Llegará el momento de hablar de esto, pero quiero concentrarme en decirles que ustedes son todo lo que tengo, y confÃo en que vamos a salir de esta situación que, no les negaré, me entristece mucho, pero me llena de fuerza pensar en ustedes y en volverlos a ver pronto. Gracias por todo lo que están haciendo por mÃ. No tendré cómo pagarles cuando estemos juntos de nuevo. LOS AMO. Dios con nosotrosâ€.
La carta estaba escrita a mano, con lápiz de grafito, en un pedazo de hoja arrugada. Las letras no eran uniformes, algunas parecÃan más bien garabatos. Quizá, al escribir, la mano temblaba (¿de miedo, rabia, cansancio, tristeza?), pero por la sintaxis, y en general por la cuidada redacción, era claro que detrás de esas lÃneas temblorosas estaba Paul, el joven tesista de comunicación social, el que ya trabajaba como periodista y camarógrafo en Valera, la ciudad de Trujillo donde nació y creció.

Al leer la carta, el 5 de agosto de 2024, su familia se sintió aliviada. HabÃan pasado cinco dÃas —cinco interminables dÃas— sin certezas, ahogados en la angustia de no saber nada de él.
Paul nunca se habÃa involucrado en la polÃtica. Estudiante de la Universidad de Los Andes, era más conocido por ser locutor y presentador deportivo (muy aficionado al Trujillanos Fútbol Club), y porque fundó, con amigos de la universidad, Voces Solidarias, una ONG que ayudaba a los niños en desnutrición. También era conocido por su relación con movimientos de música alternativa en Valera.
La mañana del 30 de julio, esa en que serÃa detenido, habÃa salido temprano de su casa para encontrarse con Daniela, su novia, en un puesto de comida rápida de la ciudad.
Se sentaron a desayunar y, mientras comÃan, hablaron de lo que todos los venezolanos hablaban en ese momento. De las elecciones del 28 de julio. De los resultados que anunció el Consejo Nacional Electoral, según los cuales Nicolás Maduro habÃa sido reelecto. De las actas de escrutinio que habÃa recabado la oposición y que, públicas en un portal web, indicaban un resultado muy distinto al oficial. Hablaban de su estado, Trujillo, que claramente ya no era un bastión del chavismo: según la página que alberga las actas, el opositor Edmundo González habÃa obtenido allà 64 por ciento de la votación.
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Hablaban del paÃs, de la incertidumbre que sentÃan, del futuro. Daniela, también periodista, le habÃa asomado en diciembre de 2023 la idea de irse de Venezuela. Sin embargo, él, a pesar de tener a un hermano y a muchos amigos en el extranjero, se mostró renuente: no, él no se iba a ir.
¿Ahora s�

Valera, habitada por unos 600 mil habitantes, es más bien un pueblo grande, siempre tranquilo. Esa mañana, parecÃa más apagado que de costumbre: la mayorÃa de los locales permanecÃan cerrados, y por calles y aceras se paseaba más la basura arrastrada por el viento que los autos y los peatones.
Pronto habrÃa más movimiento. La gente, sin mayor organización que el “boca a bocaâ€, habÃa convocado a una manifestación a las 11:00 de la mañana, muy cerca de la Avenida BolÃvar. Era una de las cientos que brotaron en el paÃs desde el mismo momento en que el CNE anunció sus resultados: solo entre el 29 y el 30 de julio, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social documentó 915 protestas.
Después de desayunar, Paul se dirigió hacia allá, a encontrarse con la periodista Mayra Linares, su compañera en el canal VPItv. Aunque él solÃa abordar temas deportivos, la coyuntura hacÃa necesario que colaborara con esta cobertura: harÃa de camarógrafo.

En el camino, notó que algunas personas también iban rumbo al lugar de concentración. Y que habÃa piquetes policiales en distintos puntos de la carretera. Él y Mayra se pusieron tensos, pero siguieron adelante, con sus credenciales, las cámaras y los micrófonos.
TodavÃa no habÃa comenzado la manifestación, cuando, a eso de las 10:30, se les acercaron unos 10 motorizados con uniformes de la PolicÃa Nacional Bolivariana. Les dijeron que no podÃan grabar. Ellos se defendieron diciendo que eran periodistas. Los policÃas los ignoraron e intentaron detenerlos sin darles explicación. Paul y Mayra corrieron, trataron de pedir ayuda a quienes estaban alrededor, pero todo ocurrió muy rápido: a él le quitaron el bolso en el que guardaba sus equipos, le arrebataron su celular y lo agarraron bruscamente, obligándolo a poner los brazos detrás de su espalda.
Lo hicieron subir a una moto y se lo llevaron.
Minutos después, Mayra Linares hizo un contacto telefónico con VPItv, en el que narró lo sucedido y terminó diciendo:
“No sé dónde está Paulâ€.
Quizá fue por eso que, pocos minutos después, un compañero de trabajo llamó a Daniela, la novia, para decirle lo que ocurrÃa. Ella entonces le marcó a la mamá de Paul para avisarle, se acercó al lugar donde habÃa ocurrido la detención, y grabó un video que publicó en redes sociales a las 11:22 de la mañana:
“Esta es la situación que se vive en Valera. Podemos observar al fondo la presencia de efectivos policiales. Nos informan que detuvieron al camarógrafo de VPI (…)â€.
Su voz luchaba por no quebrarse.
Y entonces comenzó la búsqueda. Los familiares hicieron llamadas, fueron a los comandos policiales y a los centros de detención. No les decÃan nada. Pero cerca de la 1:00 de la tarde les llegó el rumor de que lo tenÃan en la Coordinación Policial 2.0, de Valera.
Hasta allá fue su familia a buscarlo.
No les dieron respuestas. Allà estaban también decenas de personas que, como ellos, intentaban obtener información sobre los detenidos. Madres, padres y hermanos de otros presos se hacÃan las mismas preguntas: “¿Dónde están? ¿Por qué los agarraron?â€. Interrogantes sin respuesta que parecen escucharse como un eco en la ciudad, en el paÃs entero: entre el 29 de julio y el 17 de agosto, el Foro Penal verificó 1 mil 416 arrestos, de los cuales 26 de ellos ocurrieron en Trujillo, gobernado por Gerardo Alfredo Márquez, militar y militante del Partido Socialista Unido de Venezuela.
“Nunca habÃamos visto un pico represivo con esta intensidadâ€, ha dicho el abogado Gonzálo Himiob, director del Foro Penal, asombrado por la cantidad de detenidos en tan poco tiempo.

Paul creció en una casa a las afueras de Escuque —un municipio pequeño y montañoso del estado Trujillo, en Los Andes venezolanos—, junto a sus dos hermanos, su papá, su mamá y sus abuelos paternos. Es una familia pequeña, que, aunque comenzó a dispersarse por el mundo, siempre procura volver a encontrarse. Paul era quien más insistÃa en organizar esas reuniones, el más “familieroâ€. La noticia de su detención los conmocionó a todos.
Buscaban información, se asesoraban con abogados, llamaban a todo el que creÃan que podÃa ayudarlos. Pero ni siquiera lograban tener detalles claros sobre su paradero. Sin tener la certeza de que él estaba en esa coordinación policial que les dijeron, le entregaron a los funcionarios alimentos, ropa y artÃculos de aseo personal para él. Se los recibieron. Al rato les devolvieron los envases de comida vacÃos.
Afuera, veÃan por redes sociales a Nicolás Maduro hablar de dos nuevas cárceles para los “terroristas de las guarimbasâ€, de que las penas serÃan de 15 o 30 años de cárcel para los “traidores a la Patriaâ€.
“¿Se llevarán para allá a Paul? ¡Ay, Dios!â€.
Su madre, su novia y el resto de la familia comenzaron a ir todos los dÃas a ese lugar, y seguÃan intentando obtener información. Su mamá le preparaba arepas de trigo con mantequilla, su comida favorita, con la fe de que él se las comiera. No podÃa evitar pensar en la posibilidad de que Paul no estuviera allÃ, que no estuviera recibiendo nada, y que, donde sea que lo tuvieran, pensara que lo habÃan abandonado.
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Por horas, miraba las paredes de la Coordinación Policial, las ventanas, los pasillos, el corredor… cualquier espacio por el que pudiera verse alguna señal de su hijo. Lo pensaba tanto, lo recordaba tanto, que su mente le hacÃa creer que lo veÃa, que lo escuchaba. A su hijo de 26 años de edad.
El miércoles 31 de julio, un dÃa después de la detención, comenzaron a instalar en la parte de afuera unos toldos blancos grandes. ¿Para qué? ¿Era para meter a los detenidos allÃ? El rumor que oÃan era que serÃan presentados en una audiencia preliminar telemática ante un tribunal con competencia en terrorismo en Caracas. Sin embargo, no sabÃan a qué hora serÃan estas audiencias. O si ya las habÃan hecho.
Rumores, rumores, rumores. Los rumores eran vientos que cambiaban la dirección de los ánimos de un momento a otro.

A veces, eran esperanzadores. “Escuché que los van a presentar hoy y que después los van a dejar irâ€. “Al parecer, los detuvieron para que la gente no siguiera protestando, pero como ya está todo tranquilo los van a soltarâ€. “En la noche, para que no haya mucho escándalo los van a dejar salirâ€.
Otras veces, eran demoledores. “Los van a mandar para la cárcel de Tocorón†(a casi 500 kilómetros de distancia). “Ayer se los llevaron, en la noche, cuando no habÃa nadieâ€. “Tengo un amigo que me dijo que ahà adentro nunca hubo gente detenida por protestas, que los toldos son para otra cosaâ€.
Y en medio de esos vientos contradictorios, el corazón de los familiares, batuqueado entre creer y no creer.
Fue asà que transcurrieron esos cinco dÃas. Hasta que la familia recibió el papel arrugado, escrito a mano, con la letra de Paul. Y volvieron a respirar. SÃ, estaba ahÃ, estaba vivo, estaba bien, habÃa podido recibir la comida que le habÃan mandado.
El martes 6 de agosto, lo volvieron a ver: a lo lejos, pudieron presenciar el momento en que lo llevaban a la Dirección de Investigaciones Penales (DPI) de la PolicÃa Nacional, en Carvajal, a 30 minutos de Valera. No lo sabÃan en ese momento, pero después se enteraron de que un tribunal especial en Caracas ya lo habÃa imputado, en una audiencia telemática, por delitos de terrorismo.
No le permitieron defensa privada.
Paul es uno de los cuatro trabajadores de la prensa detenidos después de las elecciones presidenciales del 28 de julio, de acuerdo con la data del Foro Penal. Todos, como él, empleados de medios regionales. El Instituto Prensa y Sociedad Venezuela registró, entre el 29 de julio y el 4 de agosto de 2024, 79 vulneraciones a la libertad de prensa. “Esta documentación pone en evidencia un recrudecimiento del patrón sistemático de represión y control sobre la información de interés público en Venezuelaâ€.
En el DIP, su novia, su madre, otros familiares y amigos, han podido ver a Paul. Todos los dÃas le llevan sus arepas de trigo, libros y ropa. Una semana después de la detención, Daniela recibió una pequeña nota:
“Le doy gracias a Dios, que esto me pasó a mÃ, y no a tiâ€.
Eso la desarmó. Fue el “te amo†más noble que le hubieran dicho jamás.
Los encuentros siempre son breves: no más de 10 minutos. El resto de los dÃas, se paran muy cerca de una baranda que da hacia la DIP y le hablan fuerte, para que él los escuche. Han podido verlo asomado por las rejas de la ventana, desde donde les hace señas: con las dos manos forma un corazón para decirles que los ama.
Paul, les ha dicho, tiene la esperanza de poder demostrar en su juicio —aún sin fecha— que él no es un terrorista. Mientras tanto ha pedido que le lleven todo lo que se escriba sobre él. Quizá como una manera de recordarse quién es. Tal vez para sentirse menos solo.



